La objeción a los experimentos de Spallanzani de que al hervir el contenido de los frascos se terminaba con la "fuerza vital" fue descartada por un experimento de Schultze en 1836. Éste consistió en que el recipiente que contenía extracto de carne fue conectado a otros dos recipientes, uno de los cuales contenía ácido sulfúrico y el otro potasa; a través de éstos se hizo pasar lentamente aire fresco todos los días durante tres meses y el extracto de carne no se contaminó. La clave del éxito de este experimento se debió a que las conexiones con ambos recipientes se hicieron inmediatamente después de hervir el extracto de carne, lo cual evitó la contaminación del extracto.
A pesar de estos avances, los resultados de Spallanzani, Schultze y Schwann no fueron aceptados por la mayoría del público científico de la época. Hoy en día sabemos que muchos microorganismos resisten temperaturas hasta de l00°C durante varias horas. Esto ayudó a los que pensaban que la generación espontánea era un hecho, ya que un solo experimento fallido era utilizado como evidencia para la existencia de esta teoría. Koch, más tarde, llevó a cabo estudios sobre el bacilo del ántrax y encontró que las esporas de algunas bacterias eran altamente resistentes al calor y que sólo se destruían a l20°C o más, y eso al cabo de 20 minutos.
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